martes, junio 30, 2026

El fútbol frente al espejo: la batalla cultural contra el racismo y la intolerancia en las gradas

COLUMNISTAS INVITADAS. A través de una aguda perspectiva criminológica, la autora española Helena García Amo analiza las dos caras del deporte rey en su obra “La doble cara del gol” y en el podcast “Zona gris: Especial Mundial”, desentrañando cómo la complicidad mediática y la cultura de la grada perpetúan la discriminación, al tiempo que destaca la respuesta pacífica de figuras como Lamine Yamal frente a la hostilidad.

El fútbol es un ecosistema complejo que funciona como un espejo de la sociedad, capaz tanto de reflejar sus peores vicios como de transformarlos. Dentro de este universo, los protagonistas —ya sean futbolistas, aficionados o los propios medios de comunicación— transitan constantemente la delgada línea entre el heroísmo y la villanía. Lamentablemente, en su seno persisten conductas discriminatorias y violentas que van desde cánticos y pancartas hasta insultos explícitamente racistas, amparadas históricamente bajo el difuso concepto de «la cultura del fútbol».

A pesar de que las instituciones gubernamentales como la FIFA o la UEFA han implementado medidas recientes, muchas de sus reacciones han sido criticadas por parecer meras campañas de marketing destinadas a lavar su imagen en lugar de prevenir eficazmente el problema. Frente a esto, la evolución real parece depender de un cambio de mentalidad colectivo y de la forma en que los propios jugadores deciden afrontar el desprecio: mientras algunos responden con confrontación, nuevas figuras eligen el camino de la resistencia pacífica y racional, obligando a los aficionados y a la prensa a tomar una postura definitiva ante la intolerancia.

La columna completa de Helena Garcia Amo

Xenofobia y racismo en el fútbol: de Ronaldinho a Yamal 

HELENA GARCÍA AMO.

El fútbol es un ecosistema que refleja la sociedad tanto como la transforma. Sus protagonistas pueden ser ídolos o villanos, tanto los futbolistas como los aficionados o los medios de comunicación. Y, en su seno, también podemos apreciar conductas y comportamientos discriminatorios o violentos: desde cánticos o pancartas hasta insultos o desprecios racistas. Todo esto se ampara en lo que llamamos “la cultura del fútbol”.

CLIC AQUÍ Eduardo Muñoz y qué más hay detrás del fútbol

La cultura del fútbol 

La verdad es que no llamamos al fútbol “deporte rey” por casualidad. Es, a día de hoy, el mayor deporte de masas, moviendo miles y miles de millones de dólares al año. También centenares de millones de personas. Incluso de provocar o parar conflictos. Pero, ¿cuál es la cultura del fútbol? Masculinidad, competencia, talento, fama, poder, conflicto. Reflejo de la sociedad, catalizador emocional y refugio: un lugar de encuentro e inclusión tanto como un espacio de confrontación y rechazo – violento en muchas ocasiones. El fútbol es cultura. Pero también tiene una cultura ambivalente. Y lo que elegimos potenciar tiene un impacto sobre todos aquellos que amamos el fútbol como deporte y como experiencia. Lo que durante mucho tiempo quisimos justificar cada vez tiene menor cabida en el fútbol.

De la permisividad al rechazo: ¿la cultura cambia? 

Hemos vivido una progresión pendular: de permitirlo todo afirmando que forma parte del fútbol a boicotear el estadio o rechazar a deportistas que llevan a cabo esta clase de actos. El que se sigan sucediendo episodios flagrantes de violencia verbal o de racismo en los estadios no implica que no se esté haciendo nada para remediarlo. De hecho, es lo contrario. Pero todo empieza por los aficionados, que afectan como los clubes y las federaciones afrontan estos sucesos. Importamos todos los actores, desde el futbolista – que puede ser víctima y victimario – hasta los medios de comunicación – que pueden revictimizar o ayudar a sanar las heridas. Ha cambiado nuestra relación con la violencia, dentro y fuera de los estadios, en las gradas y sobre el verde… de la tolerancia y la justificación hacia el rechazo absoluto.

FIFA, UEFA y las estrategias de afrontamiento 

Las instituciones que gobiernan el deporte rey no se han quedado al margen de la controversia: ahí tenemos la reciente “Ley Vinicius”, que penaliza a los futbolistas y entrenadores que se tapen la boca al dirigirse a rivales. Presunción de culpabilidad. Presunción de infracción. No se han quedado al margen… pero tampoco se puede asegurar que sus reacciones – a menudo buscando lavar su imagen o siendo meras campañas (de marketing) – hayan servido para prevenir o disminuir los insultos, los cánticos o los menosprecios. Tampoco el impacto que tienen en los deportistas. Y, esto es esencial, también depende mucho de cómo los implicados reaccionen ante quien trata de despreciarles o de convertirles en víctima.

Ídolos como víctimas y victimarios 

¿Hemos olvidado el cabezazo de Zidane como reacción a un insulto racista? ¿Cómo olvidar todas las controversias que ha habido con Vinicius Jr? Y, ¿no recordamos todos a futbolistas como Dani Alves comiendo una banana que le lanzaron como burla? Cada deportista elige cómo reacciona, si actúa o implica a las autoridades para afrontar los actos de racismo. Algunos se ven envueltos en la polémica sin querer, cuando permitimos que se politice el deporte. Este es el caso de Lamine Yamal: de héroe de la selección española a tener que defenderse de cánticos e insultos racistas o xenófobos. De ser el niño de oro a tener que escuchar “… musulmán el que no bote” desde las gradas. ¿Lo mejor? Él decidió no ser víctima, tampoco victimario. Él se significó de forma pacífica, sosegada y racional, fuera del estadio. Escogió ser un ejemplo dentro y fuera del campo. ¿Qué elegimos los aficionados y los medios de comunicación? Significarse o no significarse. Actuar o no actuar. Esas son las cuestiones a resolver. Toca escoger.

Estos temas los tratamos en “La doble cara del gol” y en el podcast “Zona gris: especial mundial”, donde analizamos diferentes ejemplos de cómo se manifiesta el racismo en el fútbol y diferentes modos de afrontar la problemática, desde un prisma criminológico.

Seguí leyendo